¿Se vale fingir?

Estás teniendo un momento sexual de película, la entrega entre tu chico y tú es fabulosa, el placer es inmenso, todo marcha viento en popa. De repente te das cuenta de que tu chico está por terminar y tu orgasmo se niega a hacer su aparición. ¿Qué hacer entonces?

Orgasmo femenino: ¿Fingir o no fingir?

Fingir un orgasmo es más común de lo que se cree, muchas mujeres dan a entender a sus parejas que llegan al clímax cuando en realidad nunca llegó. Las causas por las que se finge son varias: no querer echar a perder el momento, no querer hacer sentir mal a su pareja, intentar no dejar una mala imagen de sí misma frente al hombre, convencer de que todo estuvo bien cuando no lo estuvo… en fin, que existen montones de razones por las cuales la mujeres actúan para el hombre un perfecto orgasmo imaginario.

Ahora, la pregunta del millón: ¿Está bien fingir? En mi opinión sí, es perfectamente válido, yo no le veo la gran problemática a hacer como que llegas si el momento lo amerita. Claro está, no se trata de vivir fingiendo, ni de pretender que sabes lo que es un orgasmo sin haberlo conocido nunca. Yo pienso que está bien fingir el orgasmo alguna vez, si fuera, por ejemplo, el caso con el que comienzo este escrito, o si lo usas para hacer que tu pareja se sienta mucho mejor ¿Por qué no? Son de esas mentiras que –como dice Buena Fe- vale la pena seguirles el juego porque dan el placer de minutos sabor a verdad. Es que hasta si lo finges cotidianamente sin que esto te haga sentir mal, si el orgasmo para ti no es la gran cosa, si no lo necesitas para sentirte satisfecha, pues entonces tampoco de ese modo lo veo mal.

Algunos dirán “la mujer que finge un orgasmo miente a su pareja, y se miente a sí misma”; yo prefiero pensar que soy menos idealista y más práctica, así que lo veo más bien como actuar en consecuencia y no como mentir, al final no se daña a nadie con esto, por el contrario, se le dibuja una ilusión con sabor a placer que le brinda la felicidad de un buen momento. Aunque aclaro, desde mi perspectiva, se puede disfrutar plenamente del sexo aun sin llegar al orgasmo.

Eso sí, está claro que cuando el no alcanzar el orgasmo viene a ser un problema continuo, de pareja, que hace sentir a la mujer insatisfecha y rota, lo mejor es hablarlo, intentar buscar mecanismos para hacer que la mujer lo alcance; también debe la mujer conocerse a sí misma y guiar a su pareja para que este llegue a conocerla de igual modo; y si esto no funcionara pues habría que buscar ayuda especializada. Pero no es de la anorgasmia que va mi post así que no nos vayamos por ahí.

Sé que muchos hombres piensan que sabrían si una mujer les finge el orgasmo: Chicos, en serio, con una mujer que lo sepa fingir jamás se darán cuenta de que no es real. Pueden hablarme de que el cuerpo reacciona de este modo, o de este otro, que si la pupilas, que si las contracciones de las paredes vaginales, que si las expresiones faciales… nada, si la mujer sabe fingirlo se los cuela, que al final, en el momento de la verdad, nadie se pone a tomarle el pulso a la chica a ver si se le aceleró dos o tres latidos más. Por eso es que pienso que no daña: ella cumple su objetivo, él sale satisfecho; como dice el dicho: “el que no sabe…”

Ya sé que es probable que algunos piensen ahora que vivo fingiendo orgasmos. Ni me pregunten, no diré ni sí ni no. Este es un tema que repercute en miles y miles de mujeres en todo el mundo, no se trata de Sherezada, se trata de algo a lo que, en mi opinión, se le muestra mas caótico de lo que en realidad es.

Entonces, mi criterio final: chicas, no se sientan mal por fingir un orgasmo, siempre que el hecho de no alcanzarlo realmente no les suponga un problema; y chicos, ni piensen en eso, se obsesionarían en vano porque tiene que ser ella muy mala actriz para que ustedes se den cuenta. En resumen: a disfrutar del sexo sin pensar demasiado, a dar lo que toque en cada momento, que el objetivo no tiene por qué ser el orgasmo en sí, sino el placer, y se puede tener este último aún sin conseguir el primero.

Clavo vs clavo

¿Qué pasa cuando terminamos una relación y la persona se nos queda dentro, hincando, corroyendo, ocupando el espacio del cual debió salir? ¿Cómo hacer para que deje de latirnos por dentro, para que pase a ser historia, a ser pasado?

Desde niña vengo escuchando la frase: “un clavo saca otro clavo”, y supongo que en un inicio no la comprendía muy bien, lógicamente, pero con el tiempo y las vivencias fue tomando sentido.

Ya sé que las opiniones en esto serán diversas, la frasecita se las trae, así que tiene sus defensores y sus detractores. En mi opinión particular el segundo clavo sí funciona, de hecho, para mí es una de las mejores formas de dejar a alguien en el pasado. Un trueque de historias: nuevos labios para besar, nuevas ilusiones, nuevas pasiones; ya no piensas en lo que fue, sino en lo que está sucediendo en tu presente. Y como al inicio todo es color de rosa, pues el gris de la relación pasada quedará oculto más fácilmente.

Ahora bien, hay personas que no salen ni con mil clavos empujando a la vez, eso está claro, pero eso ya es con respecto a los grandes amores, esos que nos parten el alma en dos –o en tres… o en añicos–, y es que vamos, hablamos de clavos de esos que se usan para colgar los cuadros en la pared, poner las tendederas, fijar tablas; no hablamos de clavos de raíl de tren enterrados hasta lo más profundo de tus entrañas. Estos otros hay que sacarlos con tenazas, a fuerza de tiempo y lágrimas, y hay que halar duro, muy duro, y aguantar; y cuando salen te dejan un agujero tan profundo que demoras bastante en encontrar otro clavo que más o menos encaje.

Pero bueno, no creo que el refrán se refiera a esos en realidad, sino a los otros, al resto, que al final son los más cotidianos, porque los grandes amores solo llegan una vez en la vida, dos a lo sumo, pero de los otros puedes pasarte la vida entera clavando y desclavando.

Así que, mi política ha ido muchas veces por esa cuerda, “a rey muerto, rey puesto” y me ha funcionado. Salvo la vez del clavo de línea de tren, claro está. Por eso mi sugerencia es siempre esa: búsquese otro clavo, y métale, que salidas, cerveza, besos y sexo… suelen ser una estupenda cura para la resaca amorosa.

Apariencia con antifaz

Debatíamos en la oficina acerca de las personas y sus tendencias sociales, los jóvenes y sus modas, los gustos, las aceptaciones sexuales. Yo algo permisible, mi compañero tan intransigente.

En un momento de la conversación, cuando se hablaba de gustos y aceptaciones, él dice refiriéndose a mi: “No, pero yo sé que a ella no le van esas cosas, ella es una muchachita que ha recibido su educación” Y yo me pregunto ¿Tiene que ver la educación recibida con el gusto sexual, o las manifestaciones y aceptaciones sexuales?

“Las personas –me dice– son un conjunto de su estructura y el cómo se comportan” lo cual se traduce en que, según sea su físico y su forma de darle atención al mismo, así como la forma de actuar de la persona, puedes saber cómo es sexualmente. Difiero de él y se lo digo, y que me perdone Freud, pero pienso que la sexualidad ajena puede ser una verdadera caja de sorpresas.

¿Quién puede, por como soy en mi entorno laboral, saber o deducir mi comportamiento en cuanto a mi sexualidad? ¿Pueden suponerlo acaso mis vecinos que ven mi escaso deambular por el barrio? ¿Pueden imaginarlo tan siquiera mis familiares?

Soy del criterio de que un chico tímido no tiene que ser necesariamente pasivo en el sexo, ni que sus gustos en cuanto a esto se reduzcan obligatoriamente a los convencionales; sé además que el más avispado no es necesariamente la mejor apuesta que se pueda hacer en una cama, y que sus gustos y preferencias no tienen que ser por fuerza los más exóticos.

Hace mucho tiempo aprendí a no juzgar al libro por su portada, ni creer en cartas de presentación; y es que aún mi propia percepción puede jugarme una mala pasada. No creo que mi sexualidad se refleje en quien soy en mi cotidianeidad, y pienso además que esto es así en la mayoría de las personas.

Me parece que mi compañero de trabajo, tan machista y retrógrado, que insiste en verme como una jovencita inexperta, si se asombró cuando le dije que no me molesta que mi pareja se saque las cejas o se rasure todo el cuerpo, que me gustan los chicos con aretes, pelo largo, piercings y tatuajes, y que tampoco me molesta que lleven el pantalón caído mostrando parte de la ropa interior, se abrumaría bastante si yo le contara de mis gustos, mis fantasías, mis experiencias y permisividades sexuales.

Definitivamente la edad no hace la experiencia, sino que son las vivencias quienes se encargan de ello.