Abre tu puerta, y sé Feliz

Una puerta se levanta frente a nosotros, contamos ya los minutos para poder abrirla de una vez y traspasarla. A nuestra espalda otra puerta abierta, envejecida, espera cerrarse a su vez. Cuantas historias dejamos tras esta última, cuántas nos esperan tras la que aún permanece cerrada.  El ciclo ha llegado a su fin, y otro comienza.

Trescientos sesenta y cinco habitaciones que hemos de cruzar, cada una en el espacio invariable de veinticuatro horas, cada una con su vida propia, con su incertidumbre, su dosis de alegrías y de tristezas. Atrás quedan tantas cosas que hemos vivido, y cargaremos a nuestra espalda lo que podamos y debamos llevar para cruzar la nueva puerta, más otras vivirán ya en el pasado, el que –al cerrarse la puerta–  quedará atrás ya sin remedio.

Mi deseo es que cada amigo tenga frente a si la mejor de las entradas, y el más bello de los recorridos, que cada habitación que les aguarde tras la nueva puerta sea un estallido de júbilo y buenaventura; que lluevan los amores, que se cumplan los planes, que las buenas sorpresas inunden las pupilas, que las lágrimas sean solo de alegría y las risas plaguen cada amanecer y el placer cada anochecer.

Sabemos, sí, ya sabemos, que la realidad estará totalmente matizada, pero yo quiero imaginar que todo estará bien, porque sí, porque lo merecemos, y porque para los amigos solo tengo pensamientos buenos y deseos insuperables.

Vayan acercando pues la mano al picaporte y, mientras, sueñen el mejor de los futuros, la más intensa de las travesías; y cuando esta puerta nueva pase a ser la desvencijada y abierta a nuestras espaldas nos encontraremos nuevamente aquí, y les traeré una vez más los deseos de todo el amor y el cariño que pueda caber en un corazón, un abrazo fuerte y apretado, un beso y un Felicidades del tamaño del Universo.

Felices fiestas y la más feliz de las vidas a todos ustedes que me leen.

Árbol de Navidad

Siempre fue un gusto ver llegar Diciembre, respirar los aires de fin de año. Recuerdo cuando era niña, salía a la calle con mi mamá o mi abuela, expectante, atenta a que se cruzaran con alguien más e intercambiaran un cordial “Felicidades”. Me encantaba ver aquello, cómo la gente se saludaba con ánimo, cómo se respiraba un olor diferente, olor a Diciembre.

¿Por qué te felicitó ese hombre si no te conoce? – le pregunté una vez a mi abuela.

Porque en esta época del año las personas se felicitan, aunque no se conozcan – me explicó – es tradición desearse feliz fin de año y feliz año nuevo.

Mi primer arbolito de navidad fue una rama de un árbol parecido al pino. No sé si por la falta de recursos de la familia o si sería que en esa época no se vendían en las tiendas, pero alguno de los hijos de mi abuela cortó –a petición suya – una rama de esas y se la llevó. Realmente me hacía feliz adornarlo junto a ella: esparcíamos motitas de algodón que simulaban la nieve, colocábamos los adornos como más bonito nos parecía, a mi me gustaban las coloridas bolas de hilo, enroscábamos los rabos de gato y finalmente los bombillos, que no era una cadeneta de diminutas lucecitas parpadeantes, sino unos de tamaño mediano que apenas alcanzaban para todo el árbol. Y yo era feliz haciendo aquello, plenamente feliz.

Ya en los duros tiempos en los que me tocó transitar durante mi adolescencia aprendí el verdadero sentido de la navidad, su significado: celebrar el nacimiento del niño Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Entonces mis navidades se convirtieron en días colmados de canciones navideñas, fiestas alegóricas e intercambios de regalos. Pero no tuve árbol de navidad, no por esa época.

Ahora tengo un arbolito, como se dice, de la shoping, con mucho dorado y rojo, y su guirnalda de bombillitos relucientes que lo visten desde la base hasta la estrella en la punta, aunque ya no canto canciones navideñas ni voy a fiestas que celebran el nacimiento, ni escucho a la gente felicitarse cuando se cruzan en la calle. Cada Diciembre que pasa tiene menos sabor a fiesta, cada vez se olvida más la tradición de felicitar a los demás, las celebraciones son menos coloridas.

Pero es algo tan bonito que no debería dejarse morir, por eso, más allá de la festividad por noche buena y fin de año que hacemos en casa, quiero colgar adornos y guirnaldas en mi blog, desearles a todos ustedes unas felices fiestas, un muy buen fin de año y un próspero y feliz año nuevo. Poner aquí un enorme arbolito navideño imaginario en el que todos podamos colgar nuestros deseos para con los demás, nuestros regalos de intercambio. Así que, si quieres dedicar unas palabras con sabor a fiesta navideña, si quieres ayudarme a adornarlo con buenos deseos, puedes hacer de tu comentario un obsequio para poner al pie del árbol, así podemos intercambiar los unos con los otros regalos de navidad.

Mi regalo es el deseo de que este próximo año cada persona que visite este blog pueda alcanzar el mayor anhelo de su corazón, que ese deseo que enardece por encima de los demás se le cumpla a plenitud. Amor, felicidad, prosperidad, metas cumplidas y propósitos logrados es lo que deseo para todos ustedes.

¡Muchas Felicidades, amigos míos!