Te doy la cana
mundo
cuando girás eterno
nosotros temerarios
afinamos la sombra
gastamos el dolor
sujetamos el cielo
y vos girás
eterno
Mario Benedetti
Este año lo inicié con una gran ilusión, la mejor y más bonita desde aquella vez que me enamoré, hace ya unos años; una ilusión de esas que te hace ver todo en colores, que te hace sonreír al viento, que te lleva a soñar. La antesala a la ola de emociones que vendría después.
Este año toqué fondo, fui tan hondo como nunca había ido, llegué profundo como nunca antes, y lloré. Y allá abajo me batí con los demonios, luché a solas contra mis miedos, contra los ecos fantasmales que dijeron no quererme. Quise huir, de todo y de todos, de las amigas, de mí misma, pero fui tan fuerte como no sabía que podía ser, y seguí adelante.
Mantuve el deseo que guardo en mi pecho desde hace tiempo, a la espera de un cometa, la gracia divina, o el destino hijo de p… que niega mi amiga Vivian. Le mantengo aquí, encerrado en mis entrañas, pujando por hacerse realidad. Este año tampoco fue.
Pero las ausencias y las partidas fueron equilibradas con regresos y amistades: volví a besar la voz de un viejo amigo, de uno especial, y se me ha vuelto tan necesario, he podido ver tanto su nobleza a pesar de la distancia, que es de las cosas que más he de agradecer esta vez.
Se me hicieron más cercanas las hadas que flotan por mis rincones hechizando todo, siendo parte de mis nostalgias, mis alegrías, mis sueños, y dejándome ser parte de sus mundos tan coloridos, tan intensos. Nos hemos emborrachado juntas en los sueños, en nuestras ganas de hombres, en nuestras nocturnidades. Hemos cazado gatos en las ilusiones, y hemos reído hasta las lágrimas en la barra de un bar imaginario.
Me he regocijado en la complicidad de las voces hechas letras, de los que se han llegado y me han llenado de elogios, y han besado los labios a mis musas. Me han puesto retos, me han ensalzado, han debatido, han disfrutado. Esta casa en medio de un camino por el que todos pueden pasar, y a la que todos son bienvenidos a entrar, agradece tanta concurrencia repetida, agradece cada letra, y cada guiño.
Obtuve la respuesta a la pregunta que me hiciera tantas veces durante años de cómo sería volver a besar los labios del hombre que amé. Le volví a besar, hicimos nuevamente el amor, y le volví a perder. Pero esta vez no dolió.
Me descubrí un poco más y tracé un nuevo horizonte. Bailé, volé, me entregué, caminé en reversa. Supe que la honestidad puede en ocasiones cercenarte el piso, mientras que el simular puede llegar a ser el mejor de los alicientes.
En este ciclo de 365 días me crecí, fui mejor persona, porque fui bondad donde me hirieron, fui un alma noble cuando me abrazó la oscuridad, fui amiga cuando me voltearon la espalda. Fue difícil este ciclo, pero crecí. Aprendí que no está mal lo que soy, sino lo que algunos ven, que no soy culpable de lo que en mí no encuentran, sino que es culpable quien no sabe qué buscar, ni cómo hacerlo, quien no sabe valorar lo que sí existe.
Este año termina distinto del anterior, y el siguiente comenzará distinto de este; también yo soy diferente. Seguiré con los empeños y las búsquedas; querré con más fuerza -y más miedo- cumplir mi mayor anhelo; pero intentaré sonreír más, a pesar de las negaciones, lo intentaré.
Doy gracias a quienes me hicieron reír, me apuntalaron, me hicieron bien, me desearon el bien. Doy gracias a los que me alentaron con una palabra, o un abrazo; a los que me sirvieron de inspiración para seguir adelante.
Les espero al otro lado de la línea imaginaria, tras los doce deseos del minuto final en la última noche de diciembre. Espero los sueños que aún no cumplí. Espero a los amigos, los amores, los amantes.





