¿Qué nos hace transformarnos? Cuando nacemos estamos ajenos al exterior y sus significados, ajenos a las personas, sus caracteres, a lo que es la vida, la alegría o el dolor.
A medida que vamos creciendo se va formando nuestro carácter, el cual se va moldeando según nuestra personalidad. Pero no solo ésta nos moldea, también hay factores externos que nos hacen cambiar, unas veces para bien, otras para mal.
Yo no guardo nada de la niña que fui. Nada. A veces recuerdo cosas, quién solía ser, a veces me las cuenta mi madre, y me pregunto ¿A dónde se fue aquella niña? ¿Qué le hizo ser hoy la cara opuesta de la moneda?
Mi madre cuenta que, de niña, yo llegaba a los lugares y era el centro de atención, con mi bata y mis lazos, me daba con cualquiera, era zalamera y graciosa. Reía, me relacionaba. Hoy me cuesta tanto llegar a la gente, sentirme cómoda entre desconocidos, a veces incluso entre conocidos. Me cuesta ser aceptada.
La vida nos transforma, vamos dejando cosas en el camino, y recogiendo otras; canjeamos virtudes por defectos, y viceversa; nos roban, y robamos.
A veces extraño mi inocencia, el no darme cuenta de las cosas, el creer un poco en los sueños. A veces extraño la capacidad de perdonar, el no pensar demasiado en la vida, en los desaciertos, en el dolor.
Extraño en ocasiones a aquella joven que iba por el mundo sin temores, sin obsesión por el futuro, sabiendo lo que quería, sin que importara demasiado lo que no tenía.
Pienso en el quebradero de huesos que resulta la transformación, en las cicatrices que deja, en los agresores del camino y me pregunto si pude haberlo evitado, y cómo.
Me asusta pensar que aún me quedan transformaciones por sufrir, quedan escamas pegadas a mi cuerpo que han de ser largadas, quedan huesos por quebrarse. La cara de la moneda aún no está pulida y, al final, veré cual será la estampa que mostrará.




