¿Qué pasa cuando terminamos una relación y la persona se nos queda dentro, hincando, corroyendo, ocupando el espacio del cual debió salir? ¿Cómo hacer para que deje de latirnos por dentro, para que pase a ser historia, a ser pasado?
Desde niña vengo escuchando la frase: “un clavo saca otro clavo”, y supongo que en un inicio no la comprendía muy bien, lógicamente, pero con el tiempo y las vivencias fue tomando sentido.
Ya sé que las opiniones en esto serán diversas, la frasecita se las trae, así que tiene sus defensores y sus detractores. En mi opinión particular el segundo clavo sí funciona, de hecho, para mí es una de las mejores formas de dejar a alguien en el pasado. Un trueque de historias: nuevos labios para besar, nuevas ilusiones, nuevas pasiones; ya no piensas en lo que fue, sino en lo que está sucediendo en tu presente. Y como al inicio todo es color de rosa, pues el gris de la relación pasada quedará oculto más fácilmente.
Ahora bien, hay personas que no salen ni con mil clavos empujando a la vez, eso está claro, pero eso ya es con respecto a los grandes amores, esos que nos parten el alma en dos –o en tres… o en añicos–, y es que vamos, hablamos de clavos de esos que se usan para colgar los cuadros en la pared, poner las tendederas, fijar tablas; no hablamos de clavos de raíl de tren enterrados hasta lo más profundo de tus entrañas. Estos otros hay que sacarlos con tenazas, a fuerza de tiempo y lágrimas, y hay que halar duro, muy duro, y aguantar; y cuando salen te dejan un agujero tan profundo que demoras bastante en encontrar otro clavo que más o menos encaje.
Pero bueno, no creo que el refrán se refiera a esos en realidad, sino a los otros, al resto, que al final son los más cotidianos, porque los grandes amores solo llegan una vez en la vida, dos a lo sumo, pero de los otros puedes pasarte la vida entera clavando y desclavando.
Así que, mi política ha ido muchas veces por esa cuerda, “a rey muerto, rey puesto” y me ha funcionado. Salvo la vez del clavo de línea de tren, claro está. Por eso mi sugerencia es siempre esa: búsquese otro clavo, y métale, que salidas, cerveza, besos y sexo… suelen ser una estupenda cura para la resaca amorosa.




