Vidas. Historias. Fracasos. Dolor. Llanto.
Cuatro amigas se reencuentran luego de haber estado más de veinte años sin verse. Gloria, Irene, Yara y Carmen se remontan a un pasado inocente, candoroso, feliz, que contrasta dolorosamente con un presente chamuscado por los escupitajos de fuego de la vida, por las mordidas profundas y sangrantes del destino.
Cada una llora su propia historia a cuestas. El quebranto se cuela en la reunión, llega sin avisar, invisible, y se acomoda frotándose las manos y sonriendo malévolo. El encuentro, lejos de ser la feliz velada que se planificó, se convierte en el escenario perfecto para confesiones difíciles, para abrirse las venas y soltar el alma por la boca. Cuatro caracteres, cuatro espíritus, cuatro mujeres.
¿Por qué lloran mis amigas? Película cubana que se estrenara en el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y que ahora se muestra en los cines de estreno de la capital, es una historia mujer que vierte en pantalla diferentes modos en los que la vida puede desgarrarnos y hacernos llorar. Tan cotidianos, tan reales, tan nuestros.
La calidad de la puesta estaba garantizada desde la elección de las actrices protagonistas. Probadas, curtidas, Yasmín, Edith, Luisa María y Amarilis no decepcionan, cada una con su dosis de sobriedad o desparpajo, su tristeza o su optimismo. Logran convertirse en ti y en mí, te hacen reír o llorar, consiguen hacer que te descubras mirándote por dentro, viendo hacia atrás, a todo lo que anhelaste y planificaste, dándote cuenta de lo que no conseguiste. Percibiendo cómo la vida te pasó factura.
Un retrato de nuestras imperfecciones. Un espejo en el que podemos mirarnos y reconocernos. Una denuncia a tanto lastre con el que cargamos a veces, por nuestra obstinación, o por la sociedad, o por lo que fuere ¿Cómo no comprender a cada una? ¿Cómo no sentir su dolor? Cualquiera de nosotras –ustedes, amigas que me leen, o yo que escribo esto– podríamos ser las protagonistas de esa obra, como lo somos día a día, a cada paso. Son nuestras lágrimas en la pantalla de un cine, nuestras rabias y frustraciones, nuestros desesperos. Nosotras, que también tuvimos quince años y planificamos una vida perfecta para recibir luego otra cara en la moneda, sin príncipes, o sin amores, o sin hijos. Incomprendidas. Mutiladas. Desquiciadas. Muñecas rotas.
No es una película para mujeres, sino también para hombres, que aprendan a vernos, a saber lo que llevamos por dentro. No es para cuarentonas, sino igual para jovencitas, que no saben aún de las torceduras irremediables que hay en el camino. ¿Por qué lloran mis amigas? es un grito, un clamor en la oscuridad. Es una película verdad ¿Tú por qué lloras, amiga que me lees? ¿Por qué hemos llorado tantas veces? Cuánto nos desgarraríamos, cuántas tristezas tendríamos para contar si nos reuniéramos un día. Cuánto de mujer hay en el dolor. Cuánto de nosotras hay en la vida misma.






