Enamorarse

Tus manos no son hermosas
No veo estilo en tus dedos
Pero ¿qué humano reposa si se enroscan en tu pelo?
Pablo Milanés

 

Enamorarse es uno de los más grandes enigmas del ser humano. Y no me refiero al enamoramiento adolescente, a la pasión enraizada, al frenesí de los cuerpos, no; yo  hablo del sentimiento ese que nos carcome, que nos ata a otra persona, y nos cubre, y nos satura, y nos nubla el juicio. Hablo de esa inexplicable sensación de quererlo todo con esa otra persona, y no sabes por qué, no hay un punto de partida razonable, solo sabes que lo sientes, que ya no hay retorno, que te ha puesto el grillete apretado hasta el hueso, y lo sabes porque por más que quieres escapar no puedes, por más que forcejeas sigues en el mismo sitio, mirando al mismo borde de esos ojos. El enamorarse no conoce explicación ¿Quién puede saber cómo fue, o cuándo pasó? Simplemente te descubres preso el corazón, cuando ya es demasiado tarde para ingeniarse un escape.

Podría contar mis historias de amor, para mí las más grandes y profundas, pero bien sé que cada quién lleva la suya propia en los bolsillos; y todos conocen el sabor: el dulce de esos besos, el salado de las lágrimas, el amargo de la despedida. Podría contar mis historias, pero no serviría de mucho. Ni hablar de sus manos serviría, de nuestras noches, de los restos mortecinos de mis ilusiones, de los sueños desechos, del amor emigrante… les aseguro, sería solo una historia más. Salvo para mí, para mí lo sería todo.

Pero vamos, que su lado bueno sí que tiene: te das cuenta de que realmente puedes volar, desdoblas el tiempo, sonríes sin proponértelo, y haces lo indecible, lo que no imaginaste que serías capaz de hacer, por estar a su lado, aunque tan solo sea por unas pocas horas. Enamorarse es un  enigma indescifrable, pero no importa, bienvenidas sean las horas yacentes en el intento de perdernos en el laberinto sin salida. Aunque también temes, sí, temes que se vaya de tu vida, no volverle a ver, temes a la inexistencia de su aire que respiras, temes a seguir con un solo par de huellas sobre el asfalto. Y tal vez escribo esto con un nudo en la garganta, con el corazón en gris; o quizás lo hago desde el recuerdo, quién sabe, puede que en mis manos queden restos del enigma, o en tus ojos que me leen.

Tal vez pienses ahora que soy una romántica incurable, que soy de las que llevan un racimo de mariposas en la boca del estómago, y sueñan con flores y canciones y mensajes en botellas marineras; pues siento deshacer tales suposiciones. Yo soy más de compañías cuerdas, soy más de permanencias que de promesas, de hacer la vida y no los sueños. En realidad ya no creo en el amor, aunque tal vez él aún cree en sí mismo dentro de mí y se aferra a mis tendones, y me atenaza el corazón. ¿Puede uno no creer en el amor y aun así enamorarse? Puede que ahora mismo esté enamorada, incrédula pero enamorada. O tal vez simplemente hablo desde el recuerdo. Quién lo sabe.

La primera vez que te enamoras suele tomarte por asalto, no lo ves venir, su rostro te es desconocido, su voz te es ajena, así que no tienes –no sabes– como escudarte, lo tomas todo con la inocencia de un niño, te sujeta entre sus brazos y te aprieta fuerte removiéndote todo por dentro, y tu ahí, descubriendo lo que es amar. Lo que todos decían, ahora sabes cómo es. Pero hay que tener valor para volverse a enamorar, porque ya sabes reconocer el peligro y las señales. Hay que tener valor para sentir sonar las cornetas anunciando el ataque y abrirte el pecho y decir “venga, que no tengo miedo, haz diana en mi corazón antes desecho” Entonces el amor se hace más maduro, más sabio, más consciente, y más peligroso. Se vuelve un vicio, una dependencia, aun cuando piensas que lo tienes bajo control, y para salirte necesitarás una especie de proceso de desintoxicación, días y días de abstinencia, y no será fácil. Se logra, pero no será fácil.

Podría enseñarles las marquitas en mi corazón, pero no creo que sirva de algo. Podría mostrarles su color deslavado pero ¿para qué? Tal vez dije “te amo” alguna vez, acaso ayer, hace dos días, ¿o lo diré mañana? Puede que esté enamorada ahora mismo, o puede que solo esté recordando ¿Quién puede saberlo?