Europa sin euros o El italiano de la wifi

A Lester

Que me dio la idea de hacer de aquello un post

Estoy en el parque Wifi del Coppelia, con mi amigo Lester. Vemos unas cosas en su laptop y nos intercambiamos algunos materiales, mientras conversamos. En el banco de al lado, bajo la sombra de un pequeño árbol, está acostado un hombre. Apenas nos fijamos en él, realmente no nos importaba.
Al rato de estar ahí sentimos que el susodicho llama nuestra atención. Entonces me fijo. Es un hombre que a juzgar por su aspecto debe andar rondando los 60 años, aunque reconozco que soy pésima haciendo tales cálculos. Su tez es de un color blanco-amarillento, su cabello es una escasa pelusa rubia que comienza a dejar bastante visible la piel en un redondel en el centro. Sus ojos están vidriosos por el sueño. Había levantado la cabeza y nos miraba a través de los párpados semiabiertos. Cuando le atendemos nos pregunta, con lengua adormecida y acento extranjero, si tenemos hora. Un extranjero, sin reloj ni celular. Lester le dice la hora.
Continuamos en lo nuestro, conversando de cualquier cosa, y el tiempo sigue transcurriendo. Unos minutos más tarde sentimos que el hombre nos llama de nuevo. ¿Tienen un bolígrafo? Pregunta esta vez. No teníamos. Un extranjero que tampoco tiene una simple pluma. Sigue acostado sobre el incómodo banco, boca abajo, la cabeza ladeada. La brisa agita las plumillas de su pelo. Lleva un short y un pulóver bastante usados.
De pronto se levanta y viene hacia nosotros. Se nos para enfrente interrumpiéndonos una vez más ¿Tienen conexión?, pregunta. Aquí sí: ¡WTF! ¿Este tipo pretende gastarle los quilitos de conexión a un cubano? ¡Horror! ¡No, no tenemos! Se va. Le vemos alejarse, con su aspecto de bajo mundo y un paso medio tambaleante. Y empezamos a hacer conjeturas:
A lo mejor le gustaste.
– O a lo mejor le gustaste tú, yo lo veo medio flojo.
– A lo mejor le gustamos los dos.
Reímos.
Para mí que está medio borracho.
– O drogado.
– O las dos cosas.
– Ahí tienes un tema para escribir –me dice Lester, finalmente–.
No estoy escribiendo, hace bastante tiempo que no me sale un escrito. Sin embargo, días después salió este pequeño relato, que reconozco no es de lo mejor que he hecho, pero que deja al menos un atisbo de las peripecias de este personaje tan particular que nos topamos aquel día en el parque wiffi del Coppelia. Porque sí, la miseria de un italiano en La Habana creo que amerita un post en el blog, aunque sea uno ligero. Que miren que un tipo que venga desde tan lejos para terminar acostado en el banco de un parque, sin reloj, ni celular ni bolígrafo, y pidiendo conexión prestada… Eso no es algo que se vea todos los días.