Mírame, luego desnúdame

Ella mueve la pieza delante de sí, ahora el frente, luego la espalda. La observa detenidamente. Le gusta. Y es que es bonita: un ropón blanco de dormir, largo hasta las rodillas, con el escote marcando la forma del seno decorado con un encaje, y un lacito en el centro. La tela es fina y suave, transparente, seductora.

– Cómpratelo –le digo– a tu esposo le va a encantar, cuando te vea con eso puesto no se va a poder resistir.

– Ay hija –me responde con expresión de desencanto– si lo de él es llegar y quitarme la ropa, él ni se fija.

Le gusta el vestido, probablemente teje en su mente las más eróticas fantasías mientras lo mira e intenta decidir si lo compra o no. Quiere verter su sensualidad en el juego previo, que su hombre se fije en la pieza nueva que compró para ella, y también para él; pero sabe que no le arrancará un elogio, lo más probable es que incluso ni se percate de que el roponcito que lleva puesto es nuevo. Lo devuelve. Esa noche usará la ropa interior de siempre.

Cuántas veces las mujeres buscamos hacernos cambios en nuestro aspecto, compramos lencería nueva, nos pintamos las uñas, nos arreglamos el pelo, buscamos llamar la atención de nuestro hombre, provocarles un elogio o una expresión de grata sorpresa, y el esfuerzo queda enterrado en lo cotidiano, en lo imperceptible, no mueve la más pequeña fibra de apreciación.

El acicalarse para la pareja es un instinto natural –incluso de los animales– y jamás tendrá como objetivo pasar desapercibido, sino todo lo contrario, pero la mayoría de los hombres parecen dejar pasar de largo este detalle. Nosotras, por ejemplo, solemos poner especial énfasis en la ropa interior que usamos la primera vez que nos vamos a la cama con un hombre, preguntemos cuántos recuerdan al día siguiente por lo menos el color.

Desencanta, no puedo decir lo contrario, dedicarle tiempo y entusiasmo, y hasta recursos, a un llamado de alerta sensual que luego será echado a la basura sin la menor de  las atenciones. Afecta, desmotiva. Sería bueno si nuestros hombres tomaran un poco de conciencia en esto, si se preocuparan un poquito en darse por enterados en estos aspectos que tanto nos importan a nosotras. Agradeceríamos que pudieran comprender que una mirada de aprobación hacia una tanga puesta, que luego quitarán, pero que antes se exhibe en el cuerpo de la mujer, seguida por un destello de lascivia, puede ser el comienzo perfecto para el juego sexual. Y recordarla luego, vendría a ser la guinda del pastel que nos incitará a seguir lanzando nuevas señales en el futuro.

No es tan difícil chicos, es solo cuestión de darle importancia a lo importante. Nosotras solemos hacerlo ¿No podrán hacerlo entonces ustedes? Yo pienso que sí. El asunto es simplemente tomar conciencia y querer hacerlo. Les aseguro que todo será más bonito y placentero para ambos, ya saben, desterrar la apatía, cuidar también de las cosas pequeñas, esas que contribuyen a alimentar el fuego de la pasión y las ganas de seguir siendo la hembra de mejor plumaje para nuestro hombre.

 

50 Sombras color rosa

“Es imposible ser de golpe pájaro y serpiente.
Elige, y sé merecedor de tu noche.”
José Luis Fariñas

 

El mundo del sadomasoquismo se vistió de seducción en las páginas de un libro. Un modo de vida que hasta entonces se mantenía sepultado tras las paredes oscuras de algún sitio selecto, practicado por personas no pocas veces catalogadas de pervertidas y sucias, una forma censurable de asumir el sexo, se representa todo edulcorado en estos cientos de páginas.

Nos presentan a un multimillonario de tan solo veintisiete años, traumado pero encantador. Un hombre que derrocha masculinidad y atractivo a la par de los dólares que posee. Nos muestran, por otra parte, a una joven simple, sin más aspiraciones que las profesionales, y por demás virgen, que afronta el inicio de su vida sexual con una práctica fuera de todo convencionalismo, y que seduce a este hombre solo con ser ella misma. Entonces podríamos leer entre líneas: puedes ser simple e inexperta, puedes ser la chica que hasta ahora nadie había notado, y aun así lograr conquistar al soltero más cotizado; y luego está lo otro: puedes no saber nada de sexo, ser incluso virgen, y aun así adentrarte y disfrutar del mundo del sadomasoquismo como la expresión plena del sexo.

El sadomasoquismo se vistió de seducción en las páginas de un libro, y ahora todas las mujeres sueñan con ser Anastassia Steel, y encontrar un Christian Grey.

Pero si un error se cometió en los libros, otro peor vemos en las películas, que tiñen de rosa una práctica que se caracteriza mas bien por su tono oscuro. Entonces ahora no solo todas quieren ser Ana y conquistar a un Christian –entiéndase: guapo, adinerado, y supuestamente arrasador en el sexo- sino que la idea que tienen del sadomaso es la del puro sexo tradicional con la inclusión de algún que otro juguetico, en mi opinión, desperdiciado.

Todo esto se resume en mi cabeza de la siguiente manera: 50 sombras ha venido a tergiversar el verdadero sentido de la práctica BDSM, le ha puesto un vestido rosa para atraer las vistas de las jóvenes soñadoras,  le ha cambiado la identidad. Porque esta práctica sexual no va de tener un cuarto lleno de juguetes, ni de atarse las manos o vendarse los ojos, sino que se trata de una actitud, de la búsqueda del placer a través de lo extremo, de llevar el cuerpo al límite de las sensaciones; es el put… camino de losas amarillas en el que te encontrarás las cosas mágicas que jamás viste en tu querido Kansas; solo que no a todos le calzan las zapatillas.

Adentrarse en este mundo ha de llevar madurez, compromiso, conocimiento, seguridad y confianza. Hay que saber lo que se quiere y cómo se quiere, esperar a la persona correcta y tener entre ambos plena química y comunicación. No es una moda, es un modo, de placer y realización sexual, que entra en el plano de los gustos por lo que –obviamente- no le servirá a todo el mundo, sino solo a aquellos que consigan realmente disfrutar así, porque ese es el quid: disfrutar.

Así que, yo recomiendo a los que sientan inclinación por las prácticas sadomasoquistas que no tomen como base los libros o películas de las 50 sombras, que no pretendan emular con los personajes, sino que busquen materiales que hablen seriamente sobre esto, que se documenten bien y vayan de a poco adentrándose en esta forma de búsqueda del placer, sin apuros ni presión, y siempre con la persona adecuada, que no tiene que ser el multimillonario del año, ni la colegiala virgen, basta con que sea una persona con quien se logre un buen engranaje sexual, con las mismas inquietudes y modos de hacer. Entonces sí, podrás escribir tu propia historia, sin tantas sombras a cuestas, y con placer verdadero.